Réquiem por un equipo: Houston Astros
Traducido por Marco Gámez
Los Astros, de 64 años y oriundos de Houston, Texas, fallecieron en paz en su hogar el 30 de septiembre de 2026, debido a complicaciones crónicas derivadas de su exposición a la División Oeste de la Liga Americana. Fue una lucha larga y valiente; al final, estuvieron rodeados por 34,011 de sus seres más queridos. Fueron un equipo de béisbol muy apreciado, un gran contador de historias, un eterno aprendiz y un buen amigo. Les encantaba dedicar su tiempo libre a la caza y la pesca. Se les extrañará profundamente, pero nos consuela saber que están en un lugar mejor, en su transición hacia la verdadera postemporada del béisbol: el más allá.
Nacieron el 10 de abril de 1962 y alcanzaron la madurez en medio de la turbulencia de la revolución contracultural de 1969; llevaron una existencia respetable y tranquila, alternando entre el tercer y cuarto puesto, antes de asumir un distinguido papel patriarcal en su hogar definitivo dentro de la Liga Americana. Disfrutaban viajando a lugares lejanos y exóticos, como Minneápolis, Sacramento y Arlington. En sus años dorados, los Astros se negaron a jubilarse, pese a las crecientes voces que les pedían pasar más tiempo con sus hijos, y, en su lugar, se deleitaron decepcionando a los actuarios. Eso hizo que su último año resultara aún más conmovedor… y condenatorio.
Una de las maldiciones de envejecer, como bien saben aquellos que transitan esa etapa, es que el periódico de cada mañana ofrece una oportunidad para despedirse. Con el paso de los años, los Astros fueron perdiendo partes de sí mismos; vieron a sus hijos crecer y marcharse, mientras otros simplemente desaparecían del mundo del béisbol antes que ellos. Cualquier padre comprende lo difícil que resulta desprenderse de uno de los suyos, como parte de una medida de recorte de gastos, lanzarlo al mundo y ver como es devorado. Es algo que destroza el corazón. Pero la vida exige seguir adelante, incluso con frialdad, y así los Astros continuaron su camino, impulsados cada vez más por la inercia y el sentido del deber. Si tenemos suerte, todos logramos descansar antes de que nuestros cuerpos dejen de moverse, abandonando la ambición, las preocupaciones y las luchas. A esto se le llama aceptación. Sin embargo, la característica que define a los Astros es precisamente su negativa a aceptar eso.
Pero cada año resulta más difícil luchar contra la corriente. Las heridas tardan más en sanar y las palabras se vuelven más tenues. Van desprendiéndose de fragmentos de sí mismos, dejándolos atrás como un rastro. Y el invierno de 2025-2026 resultó especialmente frío y duro, sobre todo para una piel tan fina. Casi de inmediato se vieron separados de su as, Frámber Valdéz, uno de los principales pilares de la familia. Este golpe los dejó desconsolados; pasaron meses de escasa actividad, realizando apenas algunos traspasos menores, hasta que reaccionaron con un movimiento impulsivo: fichar a un relevista intermedio con un contrato de $54 millones de dólares.
A medida que el clima se hacía más cálido, los Astros comenzaron a superar su letargo inicial y viajaron al sur de Florida para ejercitarse al aire libre, bajo el sol. Y aunque recuperaron aquel antiguo vigor atlético, nunca lograron librarse de los problemas de salud. Sufrieron un sinfín de rodillas raspadas, distensiones musculares, enfermedades y roturas de ligamentos. Se vieron rodeados de hombres llamados Colton. Sus amigos bromeaban diciendo que parecía no haber momento alguno en el que todas sus partes estuvieran sanas a la vez; sin embargo, estos contratiempos nunca lograron desanimar a los Astros. Vivieron con dignidad hasta el final, cumpliendo con las expectativas.
Los Astros llevan mucho tiempo muriendo. La gente no comprende cuán lenta es la muerte, salvo cuando no lo es. El proceso de morir está lleno de tedio y repetición: salas de espera de hospitales, rehabilitación, enfermeras amables pero agotadas y movimientos en la lista de jugadores transferibles; es como designar para asignación al último lanzador de tu cuerpo de relevistas, no porque uno quiera o porque realmente ayude, sino porque es lo que se hace cuando se está vivo, cuando el cuerpo sigue funcionando con o sin nuestra voluntad. La gente lleva años, escribiendo su obituario, tanto tiempo que ellos mismos olvidaron, al igual que Abe Vigoda, que no estaban realmente muertos; hasta el punto de que el hecho de seguir vivos resultaba casi entrañable y divertido. Y seguirán escribiéndolo mucho tiempo después, porque los Astros han estado al borde de la muerte durante tanto tiempo que resultará difícil imaginarlos de otra manera. ¿Cómo pueden estar muertos los Astros, cuando nos rodean por todas partes, en todo lo que han tocado?
Las generaciones que recuerdan a los Astros tendrán que morir antes de que ellos mismos desaparezcan, incluso si otro equipo se pone sus uniformes y juega en su estadio la próxima temporada. Se librarán guerras en su nombre.
Pero, aunque su espíritu perdurará, hoy debemos honrar la memoria de su cuerpo, apaleado hasta la muerte por un joven equipo de béisbol de Chicago apenas consciente de sus actos. Los White Sox tienen su propio lugar donde morir, una cita ya concertada, y no tienen más remedio que apresurarse hacia él. Es lo que los jóvenes hacen con los viejos, para que ellos mismos también puedan llegar a ser viejos.
Los Astros de 2026 serán recordados por su generosidad, especialmente a la hora de lanzar. A menudo ayudaban a la gente, incluso a personas de otras ciudades y familias. Recibieron a casi 2.5 millones de personas en su hogar a lo largo de su breve existencia, brindando entretenimiento a unos e inspiración a otros. Difundieron el mensaje de que cualquiera puede triunfar en la vida, por muy dolorosamente mediocre o anodino que sea. Sin importar cuanto color naranja vistan voluntariamente.
Les precedieron en la muerte su departamento de analítica y su gerente general, Dana Brown, quien nos dejó inesperadamente a finales del verano. Les sobrevive su propietario, Jim Crane.
En lugar de flores o regalos, considere hacer una donación a la Fundación Astros, la organización benéfica oficial 501(c)(3) de los Astros. O comprar abonos de temporada para el próximo año. O adquirir algún artículo utilizado en sus juegos para conservarlo como recuerdo. ¿Has pensado en un frasco con tierra utilizada en el cuarto juego de la Serie Divisional de la Liga Americana de 2020? Cuesta solo 30 dólares, más gastos de envío y gestión. O, por solo 350 dólares, una pelota de 2025 con la que el novato Cam Smith conectó un sencillo ante Manuel Rodríguez. ¿No te gustaría tener un objeto tangible vinculado a tus recuerdos? ¿Quizás una camiseta? ¿Ya compraste la camiseta City Connect de tu jugador favorito? ¿O una camiseta alternativa? ¿O la camiseta alternativa de la alternativa, con las franjas multicolores, al estilo del modelo tequila sunrise, adornando los costados? O…
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